Héctor Borrat, una persona extraordinaria

Ha mort el mestre Héctor Borrat. Al 2012 va ser Premi Extraordinari de Comunicació Blanquerna i vaig llegir això:

Es un auténtico honor para mí hablar en este acto. Hay cientos, quizás miles de personas más capacitadas, más próximas a Héctor, con más méritos académicos y profesionales que podrían hacerlo mucho mejor que yo. Intentaré hacerlo en nombre de todos ellos tratando de decir lo que muchos pensamos y que, atrapados por las rutinas, las prisas y las menudencias del día a día, nunca hemos tenido la decencia y el valor de decirle a Héctor.

Pensamos que eres una persona extraordinaria, por eso nos parece lógico que te den un premio extraordinario como éste. Una persona extraordinaria que se convierte para la mayoría de los que hoy estamos aquí en un profesor extraordinario. Es muy difícil ser lo segundo si no se es lo primero. Por ello, antes de glosar tus méritos profesionales y académicos déjame hablar de la persona. Héctor es una persona extraordinaria, fundamentalmente por su entusiasmo vital, antropológico, periodístico, político, incluso eclesial. Te recuerdo un día en el atrio del edificio principal de nuestra facultad. Me paraste –con aquel clásico, ¿tienes un momento?- y me dijiste: ¿ya estás en Internet? Hará unos 10 o 12 años, cuándo este artilugio se debatía entre la vida y la muerte tras la crisis de las empresas punto com. Y soltaste un “es fantástico” con ese énfasis en la segunda a que es la marca sonora de tu entusiasmo vital cuando hablas relamiendo las palabras. Aquel día decidí que si un sabio como tú se había metido en Internet, se trataba de una cosa seria. Una lección más de las muchas que hemos podido tomar de este uruguayo que nació en 1928, que vivió los horrores de una dictadura y que llegó a Barcelona para empezar de nuevo y hacerse tan catalán como el que más. En más de una ocasión he dicho que esa actitud es el núcleo de la profesión docente y del trabajo periodístico: querer saber lo nuevo, querer experimentarlo, querer valorarlo y explicarlo siendo capaz de superar las comodidades del pensamiento instalado. Para tí, a tus 75 años, en el cénit de tu prestigio académico y profesional lo más fácil hubiera sido pasar de Internet, acaso criticarlo sin conocerlo y sin experimentarlo. Pero no, ahí estabas tú hace 10 años diciéndole a los pipiolos de la facultad que Internet era el futuro. Eso es, poco más o menos, la sabiduría. Gracias por transmitírnosla y por intentar que nos quedara un poco de la tuya.

Héctor ha sido un profesor nómada. Primero en Uruguay, en la Autónoma, después en Salamanca y finalmente aquí en la Ramon Llull. Es un profesor que desborda a los alumnos porque su cabeza ya estaba organizada como una red mucho antes que existiera Internet. Recuerdo una clase en la Autónoma en la que a partir de una carta de los lectores publicada creo que en Le Monde nos hizo una radiografía de la geopolítica mundial que pasaba por Bruselas, Washington, Buenos Aires y Moscú para acabar plasmada en el editorial del día de El Pais. Y ese recorrido lo hizo nuestro profesor Borrat en la era de la imprenta cuando recibíamos las suscripciones a la prensa internacional por correo… postal. Por supuesto, que nunca faltara La Tribuna de Ginebra. Las clases de Héctor son un auténtico espectáculo intelectual en las cuáles los argumentos se tejen y brotan ordenadamente en base a cientos de lecturas de diarios, revistas, ensayos… Habla deprisa y siempre acaba la clase pasada la hora porque tiene más cosas que decir de las que caben en un programa. Sus clases son un lujo que han despertado centenares de vocaciones profesionales y académicas en un mundo a menudo burocratizado y banalizado como el de la universidad postmoderna. Pero no, ahí ha estado Héctor lanzando el vendaval de su entusiasmo vital transformado en ansia de saber para ayudarnos a entender mejor el periodismo, a explicarlo con más claridad en lo que es esencial y para enseñarlo vinculándolo al conjunto de la sociedad y… de la humanidad. Héctor, el profesor que no repite el programa ni la bibliografía dos cursos seguidos porque hay muchas cosas que añadir a partir de lo que se ha publicado este año y, naturalmenteHéctor ya ha leído y subrayado varias veces en colores y tonalidades diferentes siguiendo ese código secreto de la red en que organiza su pensamiento. El profesor que siempre pregunta a los alumnos por las lecturas que han hecho y por las experiencias profesionales que han tenido. Héctor, el profesor con la puerta abierta del despacho, con la disposición de tomar un café en el bar años después de haberte puesto la nota, con la predisposición a apoyar cualquier proyecto de investigación que le entusiasmara. Hay pocos como él. Quizás su amigo Lorenzo, quizás su mecenas Moragas, quizás algunos de sus exdecanos como Tresserras o Aubach, quizás su colega Fontcuberta… Cada uno de nosotros tenemos nuestra lista particular, pero hoy estamos aquí porque en todas las nuestras está Héctor.

Gracias Héctor. Sin ti seríamos peores. Para empezar seríamos personas menos entusiastas y la desesperanza es la primera batalla que se pierde en la guerra de la felicidad. Seríamos peores periodistas porque nos habríamos convertido en burócratas de la información, redactores de perfectas pirámides invertidas desligadas de la sociedad y del mundo que vivimos y que hacemos desde los periódicos. Seríamos peores profesores porque andaríamos metidos en nuestra hiper especialidad sin conectar lo que leemos y lo que vivimos con lo que explicamos e investigamos. Sin ti esta facultad, la de Salamanca y la enseña de todas, la Autónoma, serían escuelas con menos alma y con menos pasión. Gracias, Héctor porque este país se ha hecho con gente como tú. Y algún día teníamos que pararnos y decírtelo. Gracias, por el entusiasmo vital que nos has transmitido y que probablemente nace de tus más íntimas convicciones que fundamentan tu esperanza vital y de las que jamás has intentado sacar provecho como hacen tantos miserables. Gracias y párate siempre que te cruces con nosotros, todavía necesitamos aprender de ti.

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