Periodismo y redes sociales

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Aunque la duración, intensidad y profundidad de la crisis económica general nos distorsiona la mirada, nadie duda de que el ejercicio del periodismo está viviendo una transformación importante que algunos llegan a considerar sustancial. Las actitudes de los propios profesionales, y del conjunto de la sociedad, están hoy por hoy bastante polarizadas. Probablemente nos serviría la simplificación que hizo Umberto Eco en los años 60 del siglo pasado cuando identificó dos grandes posiciones ante el estallido de la cultura de masas (cómic, televisión, música pop ): los apocalípticos que veían el fin de la cultura occidental y los integrados que consideraban el fenómeno la culminación del proceso de democratización en el ámbito del arte y la creación.

Cuando se mira el periodismo desde las redes sociales -este entramado organizado a través de la conectividad móvil resultado de la suma de internet y los teléfonos inteligentes- las posiciones suelen responder a los grandes paradigmas del pensamiento actual que define Tzvetan Todorov en su último libro. Encontramos por un lado la postura mesiánica, la de los que ven en las nuevas redes sociales el instrumento definitivo para liberar la información del yugo de los medios de comunicación de masas y, sobre todo, de sus empresas. Son los que consideran que la información en manos de los medios de comunicación ha sido tradicionalmente manipulada al servicio de las clases dominantes (sic), del poder político y de las élites intelectuales. Las redes y la posibilidad que ofrecen de desvincular la difusión masiva de información de la actividad empresarial de los medios (eso que Manuel Castells llama autocomunicación de masas“) son vistas como un paso más en el democratización de la información que ahora ya no está secuestrada por quienes controlan la tecnología y el capital sino que ha vuelto a manos del pueblo.

La otra cara de la moneda de los mesiánicos son los neoliberales, quienes consideran que las redes sociales liberan a los medios de comunicación de la intervención de los periodistas profesionales y de los costes de su trabajo. El paradigma de estos nuevos negocios de la comunicación son empresas como Facebook: 900 millones de usuarios, valor de salida en bolsa de 82.000 millones de euros (en los primeros tres meses de cotización perdió el 38%), 3.000 trabajadores, facturación de 3.700 millones y beneficios de 1.000 millones. Facebook es un medio de comunicación que se presenta como plataforma tecnológica” para que sus usuarios intercambien contenidos y deviene alternativa como medio de información y como soporte publicitario a las empresas tradicionales de comunicación. Los costes se concentran en la tecnología y en el marketing mientras que la publicidad se vende al céntimo y fragmentada.

Información sin medios e información sin periodistas se encuentran en la encrucijada del llamado periodismo ciudadano”. No es el único caso en el que mesiánicos y neoliberales coinciden desde puntos de partida radicalmente opuestos en apariencia. Sea como sea, el periodismo hay que pensarlo hoy -profesionalmente y empresarialmente- desde una realidad mucho más compleja que estas posiciones extremistas: los medios de comunicación de masas (empresas y profesionales) han perdido el monopolio de la información en aquellas regiones del planeta y en aquellas franjas de edad con alta penetración de las redes sociales, esto ha disminuido su capacidad de generar ingresos por la venta de contenidos y / o de publicidad a partir de la acumulación de grandes audiencias y ha hecho bajar la retribución tanto del trabajo como del capital invertido. Si lo miramos con detalle, este proceso no ha comenzado con las redes sociales sino mucho antes, pero la tecnología digital lo ha acelerado exponencialmente. Hay que repensar la manera de hacer periodismo sin mesianismos ni pulsiones ultraliberales. Un camino posible es buscar el sentido y la función que tenía en el momento de su aparición. Hoy por hoy, ni el público encuentra razones para consumir información de pago en los medios de comunicación ni los anunciantes motivos para invertir.

(Versión en castellano del post publicado el 31 de julio de 2012)

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